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31-ago.-lunes de la 22.ª semana del T. O.

los nazarenos no consiguieron reconocer en Jesús al consagrado del Señor. Creían conocerlo demasiado bien, y eso [...] los bloqueó...

Nuestro primer día de la semana y último de nuestro mes nos motiva en este nuevo despertar a mirar al cielo y ver cómo se va aclarando el día y tratar de descubrir tu presencia en medio de nosotros y en el cielo figurativo que es nuestro corazón. En nuestro interior tratemos de escuchar en el silencio del despertar tu palabra que en este día nos invita a hacer tu santa voluntad y pensando por un momento lo que ha sido esos treinta y un días para cada uno de nosotros. ¿Hemos cumplido tu santa voluntad? ¿Hemos podido servir a nuestros hermanos? ¿He sido generoso de corazón? Son muchos interrogantes que surgen para cada uno de nosotros. Ojalá pudiéramos tener el tiempo para meditar en cada uno de ellos. También en este día, nos interpelas a nosotros: ¿cómo reaccionamos ante este anuncio? ¿Aceptamos que te abras a otros, más necesitados y nos invites a sumarnos a esa apertura? ¿O preferimos quedarnos en nuestras tierras ya conocidas, en nuestras vidas ya acostumbradas, en nuestros círculos ya sellados…?

Tu Espíritu sigue actuando hoy y sigue queriendo estar sobre ti y sobre mí… ¿lo acogemos?

Danos en este día, los dones de la sabiduría, de la inteligencia y el discernimiento para que podamos dar respuesta a estos interrogantes. No permitas que vayamos a ser como aquellos en la sinagoga, que no comprendieron tus palabras y mucho menos a tu persona. Nuestro inicio de semana sea pleno de tu amor y en cumplimiento de tu voluntad, pero pidiéndote que nos acompañes cada día de nuestras vidas. Amén. 

Un muy feliz y santo. Inicio de semana. Feliz lunes. 

PALABRA DEL   PAPA

Aquel día, en Nazaret, Jesús puso a sus interlocutores ante una elección sobre su identidad y su misión. En la sinagoga, nadie pudo dejar de preguntarse: ¿Él es solamente el hijo del carpintero que se atribuye un papel que no le corresponde, o es verdaderamente el Mesías, enviado para salvar al pueblo del pecado? El evangelista nos dice que los nazarenos no consiguieron reconocer en Jesús al consagrado del Señor. Creían conocerlo demasiado bien, y eso, en lugar de facilitar la apertura de sus mentes y de sus corazones, los bloqueó, como un velo que oscurece la luz.  Hermanos y hermanas, este acontecimiento, con las debidas analogías, nos sucede también hoy a nosotros. La presencia y las palabras de Jesús nos interpelan; también nosotros estamos llamados a reconocer en Él al Hijo de Dios, a nuestro Salvador. Pero puede sucedernos, como sucedió entonces a sus compaisanos, que creamos que ya lo conocemos, que ya sabemos todo de Él: hemos crecido con Él en la escuela, en la parroquia, en el catecismo, en un país de cultura católica… Y, de este modo, también para nosotros es una Persona cercana, es más, “demasiado” cercana. Pero probemos a preguntarnos: ¿advertimos la autoridad única con la que habla Jesús de Nazaret? ¿Reconocemos que Él es portador de un anuncio de salvación que nadie más puede darnos? Y yo, ¿me siento necesitado de esta salvación? ¿Siento que, de algún modo, yo también soy pobre, prisionero, ciego, oprimido? ¡Entonces, solo entonces, el “año de gracia” será también para mí! (papa Francisco - Ángelus, 26 de enero de 2025).

¿Reconocemos que Él es portador de un anuncio de salvación que nadie más puede darnos?
Oración 

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Amén.

Reflexión

• Hoy comenzamos a meditar el Evangelio de Lucas, que se prolonga a lo largo de tres meses, hasta el final del año eclesiástico. El evangelio de hoy nos habla de la visita de Jesús a Nazaret y de la presentación de su programa a la gente de la sinagoga. En un primer momento, la gente queda admirada. Pero, al darse cuenta de que Jesús quiere acoger a todos, sin excluir a nadie, la gente se rebela y quiere matarlo.

Lucas 4, 16-19: La propuesta de Jesús. Impulsado por el Espíritu Santo, Jesús ha vuelto a Galilea (Lc 4, 14) y empieza a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios. Va a las comunidades, enseña en las sinagogas y llega a Nazaret, donde se había criado. Vuelve a la comunidad, donde había participado desde pequeño, y durante treinta años. El sábado después, y como solía hacer, Jesús va a la sinagoga para participar en la celebración, se levanta para hacer la lectura. Escoge un texto de Isaías que habla de los pobres, de los presos, de los ciegos y de los oprimidos (Is 61, 1-2). Este texto refleja la situación de la gente de Galilea en el tiempo de Jesús. La experiencia que Jesús tenía de Dios Padre, lleno de amor, le daba una mirada nueva para observar la realidad. En nombre de Dios, Jesús toma postura en defensa de la vida de su pueblo y, con las palabras de Isaías, define su misión: (1) anunciar la Buena Nueva a los pobres, (2) proclamar a los presos la liberación, (3) devolver la vista a los ciegos, (4) devolver la libertad a los oprimidos y, retomando la antigua tradición de los profetas, (5) proclamar un año de gracia de parte del Señor. ¡Proclama el año del jubileo!

En la Biblia, el Año del Jubileo era una ley importante. Cada siete años, inicialmente, (Dt 15,1; Lev 25, 3), era necesario devolver las tierras a los clanes de los orígenes. Todos debían poder volver a su propiedad. Y así se impedía la formación de latifundios y se garantizaba la supervivencia de las familias. Era necesario perdonar también las deudas y rescatar a las personas que se habían tomado como esclavos (Dt 15, 1-18). No fue fácil realizar el año del jubileo cada siete años (Cf. Jer 34,8-16). Después del exilio, se decidió hacerlo cada cincuenta años (Lev 25, 8-12). El objetivo era y sigue siendo: reestablecer los derechos de los pobres, acoger a los excluidos y reintegrarlos en la convivencia. El jubileo era un instrumento legal para volver al sentido original de la Ley de Dios. Era una ocasión ofrecida por Dios para hacer una revisión del camino, para descubrir y corregir los errores y empezar de nuevo. Jesús empieza su predicación proclamando un Jubileo «Un año de gracia del Señor».

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.