Nuestro primer día de la semana y último de nuestro mes nos motiva en este nuevo despertar a mirar al cielo y ver cómo se va aclarando el día y tratar de descubrir tu presencia en medio de nosotros y en el cielo figurativo que es nuestro corazón. En nuestro interior tratemos de escuchar en el silencio del despertar tu palabra que en este día nos invita a hacer tu santa voluntad y pensando por un momento lo que ha sido esos treinta y un días para cada uno de nosotros. ¿Hemos cumplido tu santa voluntad? ¿Hemos podido servir a nuestros hermanos? ¿He sido generoso de corazón? Son muchos interrogantes que surgen para cada uno de nosotros. Ojalá pudiéramos tener el tiempo para meditar en cada uno de ellos. También en este día, nos interpelas a nosotros: ¿cómo reaccionamos ante este anuncio? ¿Aceptamos que te abras a otros, más necesitados y nos invites a sumarnos a esa apertura? ¿O preferimos quedarnos en nuestras tierras ya conocidas, en nuestras vidas ya acostumbradas, en nuestros círculos ya sellados…?
Tu Espíritu sigue actuando hoy y sigue queriendo estar sobre ti y sobre mí… ¿lo acogemos?
Danos en este día, los dones de la sabiduría, de la inteligencia y el discernimiento para que podamos dar respuesta a estos interrogantes. No permitas que vayamos a ser como aquellos en la sinagoga, que no comprendieron tus palabras y mucho menos a tu persona. Nuestro inicio de semana sea pleno de tu amor y en cumplimiento de tu voluntad, pero pidiéndote que nos acompañes cada día de nuestras vidas. Amén.
Un muy feliz y santo. Inicio de semana. Feliz lunes.
PALABRA DEL PAPA
Aquel día, en Nazaret, Jesús puso a sus interlocutores ante una elección sobre su identidad y su misión. En la sinagoga, nadie pudo dejar de preguntarse: ¿Él es solamente el hijo del carpintero que se atribuye un papel que no le corresponde, o es verdaderamente el Mesías, enviado para salvar al pueblo del pecado? El evangelista nos dice que los nazarenos no consiguieron reconocer en Jesús al consagrado del Señor. Creían conocerlo demasiado bien, y eso, en lugar de facilitar la apertura de sus mentes y de sus corazones, los bloqueó, como un velo que oscurece la luz. Hermanos y hermanas, este acontecimiento, con las debidas analogías, nos sucede también hoy a nosotros. La presencia y las palabras de Jesús nos interpelan; también nosotros estamos llamados a reconocer en Él al Hijo de Dios, a nuestro Salvador. Pero puede sucedernos, como sucedió entonces a sus compaisanos, que creamos que ya lo conocemos, que ya sabemos todo de Él: hemos crecido con Él en la escuela, en la parroquia, en el catecismo, en un país de cultura católica… Y, de este modo, también para nosotros es una Persona cercana, es más, “demasiado” cercana. Pero probemos a preguntarnos: ¿advertimos la autoridad única con la que habla Jesús de Nazaret? ¿Reconocemos que Él es portador de un anuncio de salvación que nadie más puede darnos? Y yo, ¿me siento necesitado de esta salvación? ¿Siento que, de algún modo, yo también soy pobre, prisionero, ciego, oprimido? ¡Entonces, solo entonces, el “año de gracia” será también para mí! (papa Francisco - Ángelus, 26 de enero de 2025).
