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2-sep.-miércoles de la 22.ª semana del T. O.

Cuidar de los enfermos de todo tipo forma parte integrante de la misión de la Iglesia, como lo era de la de Jesús.

Bella mañana la que nos regalas, Señor, para alegrar nuestro corazón y vivir en tu presencia, para poder manifestar en este día la voluntad del Padre celestial. Aunque llueva, aunque haga sol, será día vivido y compartido. Gracias, Señor, porque nos curas de nuestras fiebres, de nuestra pereza, de nuestra soledad y nos das el ánimo y el aliento para levantarnos y para servirte en nuestros hermanos.

Te damos gracias, Señor, porque sabemos que has venido para sanar nuestras heridas y para ponernos en marcha en el camino hacia ti y hacia los hermanos.

Ayúdanos en nuestros intentos de seguir buscándote, aun a tientas y tropezando. Y ayúdanos también a hacer que tu palabra de fe, de esperanza y de amor sea una realidad en medio de nosotros. Y que esto siga siendo la Buena Noticia de que tú estás entre nosotros y de que eres nuestro Señor y Salvador. Guía nuestros pasos vacilantes a la verdadera y segura verdad de tu amor y tu servicio. En este día podamos tomar tus palabras y decir vamos a otro lugar, que también allí tenemos que llevar fe y esperanza. Vamos a otro lugar porque allí también tendremos que llevar consuelo. Amén. 

Bendecido miércoles para todos. 

Las palabras de los Papas

Ese día era un sábado. La gente del pueblo espera el anochecer y después, terminada la obligación del descanso, sale y lleva donde Jesús a todos los enfermos y los endemoniados. Y Él les sana, pero prohíbe a los demonios revelar que Él es el Cristo (cf. vv. 32-34). Desde el principio, por tanto, Jesús muestra su predilección por las personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu: es una predilección de Jesús acercarse a las personas que sufren tanto en el cuerpo como en el espíritu. Es la predilección del Padre, que Él encarna y manifiesta con obras y palabras. Sus discípulos han sido testigos oculares, han visto esto y después lo han testimoniado. Pero Jesús no les ha como querido solo espectadores de su misión: les ha involucrado, les ha enviado, les ha dado también a ellos el poder de sanar a los enfermos y de expulsar a los demonios (cf. Mt 10,1; Mc 6,7). Y esto ha proseguido sin interrupción en la vida de la Iglesia, hasta hoy. Y esto es importante. Cuidar de los enfermos de todo tipo no es para la Iglesia una “actividad opcional”, ¡no! No es algo accesorio, no. Cuidar de los enfermos de todo tipo forma parte integrante de la misión de la Iglesia, como lo era de la de Jesús. Y esta misión es llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente.  (papa Francisco, Ángelus, 7 de febrero de 2021)

esta misión es llevar la ternura de Dios a la humanidad sufriente
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-2-de-septiembre-de-2026

«También tengo que…» Este «también tengo que» que pronunciaste […] me ilumina del todo.  En verdad llevaste una vida de ininterrumpida entrega, de inmolación sin tregua, de continuo sacrificio. Contemplo y vuelvo a contemplar tu vida y no veo sino un corazón dedicado a amar, a servir, a curar. Pero jamás te olvidaste de orar ante el Padre.

Este texto de Lucas, que es común a Marcos (1,21-39) y a Mateo (8, 14-17), ha debido tener un interés especial en la comunidad primitiva, ya que se trata de una “jornada-modelo”; es decir, de lo que solía hacer Jesús en un día ordinario. Y se destaca la oración: «Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario».  Lo primero que hacía Jesús en una jornada cualquiera era rezar. Con el estreno del primer rayo de luz, con el estreno de la brisa mañanera, estrenaba su diálogo amoroso con el Padre en un lugar solitario. Jesús, antes de comenzar la misión, incluso cuando “todos le buscan”, necesita estrenar la ternura y el cariño de su Padre. No necesita ir al templo de Jerusalén, ni siquiera orientar su mirada al Templo, sino que “en el silencio”, “en la soledad”, siente una abrasadora cercanía de su Padre. Esto le hará mantenerse durante toda la jornada con paz, con gozo interior, con deseos inmensos de servir a los hombres “sus hermanos”.  «A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos los llevaban». Jesús trabajaba “de sol a sol”. Pero la caricia del sol de la mañana le mantenía fresco hasta el trabajo fatigoso del sol de la tarde. 

Entre los enfermos sanados estaba la suegra de Pedro. El Señor iba imponiendo las manos sobre cada uno de los enfermos hasta el punto de que se le hace de día sanando uno por uno ¿No podía haber hecho una sanación general? Él coge también de la mano a la suegra de Pedro para curarla.

El Señor quiere tener una relación personal conmigo. Una relación de Tú a tú conmigo, relación de intimidad, de corazón a corazón.

“Se inclinó a ella” como gesto cariñoso para hablar con ella, interesarse por su salud y después hacer el milagro. La suegra de Pedro, una vez curada, se puso a servirles. La salud es para hacer el bien a los demás, para servirles mejor.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.