En la alegría de un esperanzador amanecer, emprendemos el camino señalado de servicio y amor para poder realizar la obra que deseas de cada uno de nosotros. Como siempre, tomas la iniciativa, Señor: «Rema mar adentro», ordenas a Pedro. Te presenta la objeción del fracaso de toda la noche, pero tú le insistes y la pesca es desbordante. De nuevo, Pedro reconoce sus limitaciones: «Soy pecador». Al fin, triunfa tu gracia: «Te haré pescador de hombres».
«Rema mar adentro», es grito de audacia y esperanza; fruto de la confianza en ti Señor. Tú nos envías, tu palabra nos cambia y da un giro a nuestra vida. Cuando Pedro se proclama tan pecador, le respondes con la altísima misión de pescador de hombres. Y con él a Santiago y Juan.
Al contrario de Pedro, te decimos que no te apartes cuando somos pecadores. Queremos sentir cerca el perdón, la liberación y la reconciliación. Como en el publicano, la fragilidad nos suscita el hambre de misericordia. Gracias, Señor, por impulsarnos a seguir remando mar adentro para que, echando las redes, nuestra pesca de fe, esperanza y caridad sea abundante y que podamos recordar que: “Todo comenzó en una frágil barca, en el mar de Galilea”. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Un muy feliz y vocacional jueves para todos.
Palabra del Papa
Los mismos demonios confesaban que Jesús era el ‘Hijo de Dios’, pero como los doctores de la Ley y los malos fariseos no tenían la capacidad de asombrarse, estaban cerrados en su autosuficiencia, en su soberbia. Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, pero confiesa que es un pecador. Los demonios llegan a decir la verdad sobre él. Mientras que los doctores de la Ley si bien dicen es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros, no dicen somos soberbios, somos autosuficientes, somos pecadores. La incapacidad de reconocerse pecadores les aleja de la verdadera confesión de Jesucristo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2015, en Santa Marta).
