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25-feb.-2026, miércoles de la 1.ª semana de Cuaresma

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“Derrama sobre nosotros tu misericordia”... sólo se comprende la misericordia de Dios cuando es derramada sobre nosotros, sobre nuestros pecados, sobre nuestras miserias

Humildemente te damos gracias por este nuevo día que iniciamos en tu santo nombre. No sabemos qué nos deparará, pero sabemos que contamos contigo y eso hará que nuestro día cuente con tu presencia y tu auxilio. 

Tú nos aseguras que tenemos un Padre rico en perdón y misericordia. Te pedimos una buena dosis de humildad y honestidad para reconocer, ante ti y ante nuestros hermanos, que somos débiles y que con frecuencia tratamos de cerrar los ojos a nuestras faltas y pecados. Fortalécenos con la gracia, lograda para nosotros con tu sacrificio en la cruz. Concédenos valor para buscar tu perdón y para convertirnos y volver a ti, sinceramente y de todo corazón; para servirte en nuestros hermanos. No permitas que desviemos nuestros caminos y mucho menos nuestros corazones y —así como los Ninivitas creyeron al profeta— también nosotros creamos en tu palabra y caminemos por tus sendas. Que no te pidamos más signos que los dones de sabiduría e inteligencia, discernimiento y prudencia para cumplir tu voluntad. Bendícenos y guíanos por senderos de misericordia y amor. Amén. 

Nuestros signos sean: la fraternidad, la solidaridad y la generosidad. Feliz miércoles.

Meditación del papa Francisco

Jonás «tenía sus ideas... y no había nadie —¡ni siquiera Dios!— que se las hiciera cambiar». Jonás «Después de esa experiencia... aprende que debe obedecer al Señor: “Ponte en marcha y ve a la gran ciudad”». Jonás «obedece, va y predica, predica muy bien: la gracia de Dios está muy presente en él y la ciudad se convierte, hace penitencia, cambia de vida». Verdaderamente «hace el milagro, porque en este caso él dejó a un lado su terquedad y obedeció a la voluntad de Dios, e hizo lo que el Señor le había mandado». Nínive se convierte y ante esta conversión, Jonás, que es el hombre que no es dócil al Espíritu de Dios, se enfada: Jonás sintió una gran tristeza y se desdeñó. E, incluso, reprende al Señor. La historia de Jonás y Nínive se articula en tres capítulos: el primero es la resistencia a la misión que el Señor le confía; el segundo es la obediencia, y cuando se obedece se hacen milagros. La obediencia a la voluntad de Dios y Nínive se convierte. En el tercer capítulo, hay una resistencia a la misericordia de Dios.

Esas palabras: ‘Señor, ¿no era esto quizás lo que yo decía cuando estaba en mi pueblo? Porque Tú eres un Dios misericordioso y clemente’, y yo he hecho todo el trabajo de predicar, he hecho mi trabajo bien hecho, ¿y Tú les perdonas? Y el corazón con esa dureza que no deja entrar la misericordia de Dios. Es más importante mi sermón, son más importantes mis pensamientos, es más importante toda esa lista de mandamientos que debo observar, todo, todo, todo que la misericordia de Dios.

Y este drama también Jesús lo ha vivido con los doctores de la Ley, que no entendían por qué Él no dejó que lapidaran a aquella mujer adúltera, cuando Él iba a cenar con los publicanos y pecadores: no lo entendían. No entendían la misericordia. Hay que esperar en el Señor, porque en el Señor hay misericordia, y en Él hay abundante redención... “Derrama sobre nosotros tu misericordia”, porque sólo se comprende la misericordia de Dios cuando es derramada sobre nosotros, sobre nuestros pecados, sobre nuestras miserias (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2015, en Casa Santa Marta).

ORACIÓN 

Señor, concédeme tu luz para saber escucharte y para saber poner en práctica tu voluntad, anunciando, como Jonás, el arrepentimiento de nuestras faltas. Ayúdanos a saber responder a tu mandato con humildad, reconociéndonos pecadores y necesitados de tu misericordia, sabiendo que por tu amor siempre perdonas al que se arrepiente de corazón.

Reflexión (cf. Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi)

Palabras duras de Jesús: ‘gente perversa’. Cristo reprende a los hombres de su tiempo porque van pidiendo señales de su existencia, van pidiendo señales del poder de Dios. Hoy quizá a muchos de nosotros también nos caería un buen regaño por parte de Jesús. 

Estas últimas semanas, yo he tenido la oportunidad de tener muchas señales de la existencia de Dios. He tenido casi, casi la oportunidad de tocar a Dios en casi doscientos jóvenes de México que cantaban a una sola voz: ‘Aquí hay un bando de locos, locos por Jesucristo’. O con un grupo de jóvenes a quienes les preguntaba: ¿dónde veían a Dios o en qué momento su mirada se había cruzado con la mirada de Dios? Y ellos contestaban: ‘en mi familia, en el apostolado, en la misión, en los Sacramentos’. O en más de cientos de jóvenes arrodillados un jueves haciendo adoración, adorando a Jesús. 

Sí, puedo llegar a veces a pedir señales de su amor, de su presencia, pero en realidad, Cristo está presente en mi corazón y está presente en tu corazón. Está en tanta gente comprometida que busca hacer presente su Reino, está presente en cada gente que lucha, día a día, por la santidad. 

Quizá el problema por el que vamos pidiendo señales es porque vamos demasiado rápido y no nos detenemos a reconocerlo. Abramos los ojos del alma para ver las señales que nos rodean todos los días de su presencia; nos sorprenderíamos al verlo caminar a nuestro lado diariamente. 

Hoy te invito a que hagas un alto en tu vida para reconocer la presencia de Dios a través de una palabra, de un paisaje, de una persona, de una situación.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.