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23-feb.-2026, lunes de la 1.ª semana de Cuaresma

cenere2026(7)

desde la Eucaristía... nace, por lo tanto, un desarrollo social positivo, que sitúa en el centro a la persona, especialmente a la persona pobre, enferma o necesitada.

En la alegría y esperanza de un nuevo amanecer, Señor, despertamos para iniciar nuestras jornadas y labores y hacerlo en alegría y optimismo, sabiendo que al inicio y al final tú nos bendecirás en cada una de ellas. Muéstranos el camino a recorrer, guíanos e ilumínanos. Que tú seas, Señor, nuestra grata compañía. 

Hoy nos hablas del juicio final, donde nuestros corazones están expuestos ante ti para ver si somos fríos o calientes, de piedra o de carne, cerrados o abiertos. Pero tú nos dices que no es necesario esperar hasta el final, porque una vida presente con un corazón enfriado es una vida triste, apagada, sin aliciente, sin alegría. 

Gracias por hacernos comprender que no se trata de hacer el bien para sufrir, sino de hacer el bien con generosidad y cariño sabiendo que todo el amor que damos lo vamos recibiendo ya en esta vida, en el “ciento por uno”, y luego con creces en la eterna. Gracias por los dones que nos has dado para ser generosos, serviciales y amorosos, sin mirar a quien, y tratando de dar lo mejor que tenemos en nosotros, con nuestros hermanos necesitados, hambrientos, en soledad, en tristeza o en cualquier necesidad. Y sin esperar más recompensa que la tuya. Gracias, Señor, por darnos la ocasión en una nueva semana de hacer el bien y poder realizar lo que anhelamos y esperamos. No olvidemos estas palabras: «sed santos, porque yo, el Señor, soy santo»

Una muy feliz, santa productiva y caritativa semana. 

Meditación del Papa

Desde la comunión con el Señor, desde la Eucaristía nace una nueva e intensa asunción de responsabilidades a todos los niveles de la vida comunitaria; nace, por lo tanto, un desarrollo social positivo, que sitúa en el centro a la persona, especialmente a la persona pobre, enferma o necesitada. Nutrirse de Cristo es el camino para no permanecer ajenos o indiferentes ante la suerte de los hermanos, sino entrar en la misma lógica de amor y de donación del sacrificio de la cruz. Quien sabe arrodillarse ante la Eucaristía, quien recibe el cuerpo del Señor no puede no estar atento, en el entramado ordinario de los días, a las situaciones indignas del hombre, y sabe inclinarse en primera persona hacia el necesitado, sabe partir el propio pan con el hambriento, compartir el agua con el sediento, vestir a quien está desnudo, visitar al enfermo y al preso (cf. Mt 25, 34-36). En cada persona sabrá ver al mismo Señor que no ha dudado en darse a sí mismo por nosotros y por nuestra salvación. Una espiritualidad eucarística, entonces, es un auténtico antídoto ante el individualismo y el egoísmo que a menudo caracterizan la vida cotidiana, lleva al redescubrimiento de la gratuidad, de la centralidad de las relaciones, a partir de la familia, con particular atención en aliviar las heridas. (Benedicto XVI, 11 de septiembre de 2011).

ORACIÓN 

Señor Jesús, Hijo del Hombre, concédenos la gracia de verte en cada persona que encontremos hoy: en el hambriento, en el sediento, en el enfermo, en el solitario. Que no seamos de aquellos que, por indiferencia, te negaron la ayuda.

Inspíranos a actuar con caridad activa esta semana. Que nuestras manos sean instrumentos de tu bondad y nuestros ojos vean las oportunidades para servir a tus "hermanos más pequeños".

Ayúdanos a vivir de tal manera que cuando Tú vengas en gloria podamos escuchar con gozo: «Vengan, benditos de mi Padre». Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.