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17-sep.-jueves de la 24.ª semana del T. O.

El amor y el perdón son simultáneos: Dios le perdona mucho [...] porque «ha amado mucho»; y ella adora a Jesús porque percibe que en Él hay misericordia y no condena.

Te saludamos en este hermoso amanecer y nos levantamos con ánimo y optimismo para emprender una nueva jornada, en la que esperamos tus bendiciones. Hoy elevamos nuestras oraciones para realizar nuestras labores con confianza y fe puestas en Ti. 

En el silencio de nuestros corazones, como la mujer pecadora, queremos reconocer que muchas veces te hemos fallado y no hemos confiado suficientemente en ti, hemos caído en pesimismos y en ocasiones no hemos guardado fidelidad a tu amor. Queremos como ella besarte los pies, enjugarlos con lágrimas de sinceridad y secarlos con nuestros cabellos. Danos la gracia de oír tus palabras de perdón y reconciliación. Hoy queremos que nuestras acciones sean de auténtico servicio y de sincera caridad, para sentir en nuestros corazones verdadera felicidad por lo que realizaremos. 

En este día celebramos a san Roberto Belarmino, que nació en Montepulciano (Italia) en 1542 de rica, numerosa y buena familia, sobrino del papa Marcelo II, miembro de la Compañía de Jesús en 1560, arzobispo y cardenal de Capua. Influyó notablemente como teólogo con su doctrina y admirable caridad y sencille. Pastor, atento y solicito, visitó varias veces su diócesis contribuyendo a la educación y a la edificación espiritual y material del pueblo de Dios. Murió en Roma en 1621. 

Hoy sea día para bendecir, perdonar, servir y amar con generosidad. Feliz y santificado jueves vocacional.

Palabra del Papa

El Evangelio que hemos escuchado nos abre un camino de esperanza y de consuelo. Es bueno percibir sobre nosotros la mirada compasiva de Jesús, así como la percibió la mujer pecadora en la casa del fariseo. En este pasaje vuelven con insistencia dos palabras: amor y juicio. Está el amor de la mujer pecadora que se humilla ante el Señor; pero antes aún está el amor misericordioso de Jesús por ella, que la impulsa a acercarse. Su llanto de arrepentimiento y de alegría lava los pies del Maestro, y sus cabellos los secan con gratitud; los besos son expresión de su afecto puro; y el ungüento perfumado que derrama abundantemente atestigua lo valioso que es Él ante sus ojos. Cada gesto de esta mujer habla de amor y expresa su deseo de tener una certeza indestructible en su vida: la de haber sido perdonada. ¡Esta es una certeza hermosísima! Y Jesús le da esta certeza: acogiéndola le demuestra el amor de Dios por ella, precisamente por ella, una pecadora pública. El amor y el perdón son simultáneos: Dios le perdona mucho, le perdona todo, porque «ha amado mucho»; y ella adora a Jesús porque percibe que en Él hay misericordia y no condena. Siente que Jesús la comprende con amor a ella, que es una pecadora. Gracias a Jesús, Dios carga sobre sí sus muchos pecados, ya no los recuerda. Porque también esto es verdad: cuando Dios perdona, olvida. ¡Es grande el perdón de Dios! Para ella ahora comienza un nuevo período; renace en el amor a una vida nueva (papa Francisco, 13 de marzo de 2015).

cuando Dios perdona, olvida. ¡Es grande el perdón de Dios!
ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-17-de-septiembre-de-2026 

Señor, hay escenas en el evangelio que son tan sublimes, tan tiernas, tan delicadas, que solamente han podido salir de Ti. La escena de este evangelio bastaría para reconocerte como Dios. Una persona humana es incapaz de inventar tanta grandeza, tanta delicadeza, tanta belleza. Tu mirada no se queda en lo superficial, sino que es capaz de bucear en el fondo del ser humano y descubrir esa imagen de Dios en lo profundo del corazón. Tú, Señor, eres la mejor escuela de humanidad. Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-17-de-septiembre-de-2026

Los protagonistas de esta escena son dos hombres y una mujer. El fariseo se recrea en recoger la basura y el estiércol del pasado de la pecadora para tirárselo a la cara: “Es una prostituta”. En cambio, a Jesús no le interesa para nada lo que ella ha sido sino lo que ella está llamada a ser: “puede ser una santa”.  Es interesante la pregunta de Jesús al fariseo: «¿Ves esta mujer? ...» Porque tú no la has visto. Sólo has visto sus pecados, su miseria, su pasado. Pero esta mujer es mucho más que todo eso. Esta mujer, desde que ha entrado en esta casa, no ha dejado de sorprenderme con mil detalles de afecto y de cariño: Me ha lavado los pies con un perfume exquisito. Y no lo ha derramado a cuentagotas, sino que ha roto el frasco y me lo ha derramado del todo, sin reservarse nada. Y después me ha enjugado los pies con sus cabellos, con sus cabellos sí, con esos cabellos desmelenados que, en otro tiempo, han servido de atracción para otros hombres. Esa mujer tiene un gran corazón; esa mujer con sus besos, su ternura, sus mil detalles, es una afrenta y acusación para ti que, al entrar en tu casa, ni me has saludado, ni me has ofrecido agua para lavarme; eso que se hace en todas las casas con los invitados. Realmente has sido un grosero. Esa mujer ha demostrado mucho amor y por eso se le han perdonado sus muchos pecados. Una mirada superficial, llena de prejuicios, hunde para siempre a las personas. Una mirada limpia, profunda, creadora, positiva, las levanta y les hace crecer. En aquella casa entró una prostituta y salió una mujer. Una mujer con su dignidad perdida y ahora recuperada. Una mujer con la cabeza baja y ahora con la cabeza bien alta porque el mismo Dios le ha perdonado.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.